miércoles, 23 de abril de 2014

Un libro para deportistas que buscan magia



 El día del libro siempre ha sido mi fiesta favorita, pero esa es otra historia.

  Hoy por hoy encontramos secciones enteras en las librerías dedicadas al deporte: desde testimonios a manuales, biografías de deportistas o instrucciones para ser como tu ídolo... De entre todos ellos, hoy quiero destacar uno, el que más me ha gustado a mí.

  El título es El hijo de la ballena gris, y está escrito por una nadadora de larga distancia que, además, relata un hecho real que le ocurrió con diecisiete años y lo transforma en una lección de vida, en un viaje iniciático que para los deportistas que lo lean será especialmente conmovedor.

  La nadadora, en un entrenamiento matutino, encuentra a un ballenato perdido y emprende la aventura de buscar a su madre. Tiene toda la fantasía y la magia que hay realmente en el mar, en la naturaleza, en el mundo; y que muy a menudo dejamos de ver sólo porque pasamos demasiado tiempo en nuestras peceras de ciudad. Viajamos por un País de las Maravillas que está poblado por medusas, garibaldis, gruñones, rayas, peces martillo... Seres mágicos, habitantes del mar y compañeros de viaje a los que sólo podemos visitar adentrándonos en su mundo.

    Recuerdo con especial cariño un párrafo en que la autora describe cómo es nadar por la noche: cómo se ven las partículas de plancton brillando a tu alrededor, como si estuvieras rodeada de estrellas fugaces que siguen el movimiento y la cadencia que tú impones. Como si, en lugar de nadar, estuvieras volando.

 Y es que nadar en el mar es lo más parecido a volar que conozco. A desprenderte de la carga, de la gravedad, de todo lo que duele.

  Anoche, después de un gran entrenamiento, tuve la oportunidad de recordarlo. Tras una sesión de piscina de 3200 m muy muy alegres y una sesión de carrera a pie, me metí en el mar y dejé que mi cuerpo recordara que estoy hecha de agua, de sal, de yodo... Imaginé que era una estrella de mar, con los brazos y piernas abiertos, y contemplé un cielo lleno de estrellas, nubes, aviones... Mientras mis oídos sumergidos prestaban mucha atención a la suave cadencia de la arena moviéndose con las olas, muy suave, como una canción de cuna.


No hay comentarios:

Publicar un comentario