jueves, 10 de abril de 2014

Steelives 2014



    Empezar desde el principio sería muy aburrido, así que voy a empezar por el primer tri de la temporada, y os prometo que habrá flashbacks cuando sea necesario, oportuno o recurrente.

  La temporada la empezamos el 30 de marzo en el Steelives de Mijas.

 La noche del cambio de hora, después de algunos días de lluvia y frío y sin muchas expectativas. Deportistas que para mí son ejemplos a seguir, como Esteban Nalda, me habían dicho que lo hicieron un año y no repetían. Mi amigo Francis fue aún más explícito: confórmate con acabarlo. Así que sí, lo cogí con ganas.

   Tuvimos suerte y amaneció el día perfecto para celebrar la primavera, y mucha más suerte cuando encontré entre los voluntarios a un montón de amigos, y entre los deportistas a otro puñado de amigos y desconocidos fantásticos. Yo llegué como casi siempre, sin saber nada del recorrido ni de los perfiles, ni tener muy claro qué hacía allí. Pero una vez que estás allí, ya sólo hay una opción. Conocí a un par de chicas estupendas (éramos once, muy poquitas y algo despistadas casi todas), Cristina (su primer triatlón) y Begoña (una bestia parda de verdad); las dos venían de Madrid.

  Nos metimos al agua y yo puse en práctica todo lo que aprendí en el Campus de Benidorm con Ciro Tobar (otra historia que merece un buen flasback y será contada en otra ocasión). La verdad es que a mí no me molesta tragar agua de mar: pienso "si tragas agua bien, lo importante es no atragantarte". Salimos del agua, volvemos a entrar y ya voy mucho mejor posicionada, nado más tranquila y con mayor amplitud. Pero se me empieza a hacer largo el recorrido y pienso "Uff, el MD va a ser muy duro", pero lo cambio por la imagen de un pececito azul muy simpático diciendo "Sigue nadaaando". Luego supe que habíamos nadado un poquito más de la cuenta. Tal y como me enseñaron, nado hasta que la mano toca la arena y entonces me pongo de pie. Estoy desorientada y tengo mucho frío, hay un voluntario que me habla, pero no entiendo nada. Me acerco a él y veo que me está sonriendo y dice "Vas genial". Esa sonrisa anónima.

  Primera transición, colocarnos en la bici y pensar "tengo que practicar habilidades de transición..." Me zampo un gel y mucha agüita, y ahí me encuentro a Quique animando. Sigo desorientada y entumecida, y en la primera rotonda me equivoco. Pero hay un montón de gente indicándome la salida buena. ¿Quién quiere geles, habiendo amigos como estos?, y empezamos la subida en bici. Es empezar a subir y perder todo lo que he adelantado nadando, pero vamos a subir. Me habían avisado de que las cuestas del Steelives tienen rock´n´roll, pero no me imaginaba cuánto. Primera subida, intentando ser un animal más racional de lo que suelo. Y sí, voy asustada. Hace poco que sufrí un broncoespasmo repentino y desde entonces debería llevar el aerosol para estas cosas. Pero claro, lo he olvidado. Así que pienso en respirar, me limito casi a eso durante las dos primeras subidas, que llegan al 18% de desnivel. Lo que más me gusta de este deporte es la complicidad que hay entre los deportistas. Me adelantan pero me animan, me encuentro a gente con averías, pregunto si están bien y me gritan "Sigue, ni se te ocurra parar, guapa".

  Segunda vuelta en bici, ya sé lo que me espera y voy más tranquila. Y más cansada, claro. Cuando voy a una carrera siempre me concentro en un pensamiento: a quién me gustaría encontrar en la meta. Elijo a personas y pienso en terminar la carrera y darles un abrazo. Ahora que sabía que podía aguantar las tres subidas sin bajarme de la bici y sin dejar de respirar, podía permitirme mirar mi sombra en el asfalto y me parece ver unas alitas en mis gemelos. Me cruzo a Francis, que me grita como un guerrero. Y seguimos subiendo. Voy hidratándome bien, pero de repente empiezo a sentir hambre y sé que eso no debería pasarme. Isotónica y me imagino que es un batido.

 Transición a la carrera, ¡ya estamos aquí! Muy gracioso llegar y que un juez me dijera "vas en el grupo de los últimos". De verdad que si hubiera podido hablar le habría hecho un comentario irónico de los míos, tipo "Pues por la cantidad de bicis que hay ya aquí no me lo habría imaginado, eh".

  Benditos voluntarios. Agua, fruta, gel (no lo cojo, soy celíaca y quién sabe... Esa es otra historia que ya contaré). Y ánimos. Qué manera de animar. Me dijeron de todo: campeona, eres mi ídola, estás haciendo un carrerón... Diez kilómetros y terminamos. Diez kilómetros escuchando gritos de ánimo, chocando la mano a otros deportistas y.... Mención especial a todos esos extranjeros de vacaciones en Mijas que animaron con unas sonrisas y un entusiasmo envidiable.  Y un momento de gran emoción: ver a Iván Tejero, mi entrenador y un deportista con alma de atleta griego, que ha terminado pero sigue corriendo para animarnos a los que quedamos por llegar. Muy grande.

 META. Una de las cosas más bonitas que he vivido fue llegar a meta y encontrar a un amigo para ponerme la medalla de superviviente y darme un abrazo. Y Francis, que aunque llegó muchísimo antes que yo, estaba allí esperándome. Ese subidón es el que hace que empieces a pensar en el próximo reto. Francis me dijo una frase en la que seguiría pensando todo el día. Me dijo "Enhorabuena, porque no daba un duro por ti y pensaba que no ibas a ser capaz de terminar. Me has sorprendido".  Y nos fuimos juntos, con gente nueva y viejos amigos, a disfrutar del sol, la paella, las risas y contarnos las próximas locuras que tenemos planeadas.

   Y sí, me quedo con eso. Con el buen sabor del agua de mar cuando te la endulzan con abrazos sinceros. Con la sensación de pertenecer a algo grande que te da que alguien apueste por ti, de haber hecho un buen trabajo y de ser un poquito más fuerte. De estar más cerca de lo que quiero ser. De haber conseguido algo grande y la felicidad de tener tanta gente con quien compartirlo.

2 comentarios:

  1. ¡Grande Carmen! Y muchas gracias por la mención, a seguir luchando

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  2. Gracias a ti por estar allí, por sonreír siempre y tener siempre una palabra de apoyo. Gracias!

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